¿Cómo comienza un inglés a estudiar la historia española?
Lo mío empezó, digamos, por razones intelectuales; pero luego tuvo un gran empuje granadino. Ya le explicaré luego.
Yo hice la carrera en Oxford en los años 60 y entonces era muy difícil estudiar cosas de historia contemporánea, porque toda la carera estaba encaminada a cosas de mucho más atrás. Yo que había nacido justo después de la segunda Guerra Mundial, en una ciudad, Liverpool, que había sido bombardeada por los alemanes y todo eso. Nací, precisamente en la casa de mi familia. Crecí en un ambiente de mucho interés por la Segunda guerra Mundial. De niños jugábamos a británicos contra alemanes y una de mis aficiones de niño era construir maquetas de aviones de la guerra. Yo siempre tenía un gran interés por ese periodo. Mi gran inquietud era saber el porqué de esa guerra, y es algo a lo que le pude dedicar muy poco tiempo en la Universidad.
Al terminar mi carrera (que quería seguir y quería ser historiador), pensé que lo único que podía hacer era estudiar algo sobre política exterior británica, porque yo no dominaba idiomas y eso tampoco me interesaba mucho. Tuve una enorme y me ofrecieron ir a otra universidad cerca de Oxford, que es la universidad de Redding, dónde pude dedicarme a hacer un máster, centrándome durante un año en la Guerra Civil española (estudiando con Hugh Thomas, el conocido historiador de la Guerra Civil). Y eso, claro, al nivel de leer libros y a nivel intelectual me captó totalmente el interés, porque el gran atractivo de la Guerra Civil (incluso para quien no sabe nada), es que de entrada estás con unos personajes como Stalin, Hitler, Franco, Mussolini… Todos los grandes de la época y todos los grandes –ismos de la época: socialismo, fascismo, comunismo, liberalismo, masonería… Tienes todo, es decir, es una especie de cornucopia tremenda. Eso fue lo que me atrajo el interés. Luego, desde muy temprano agoté toda la bibliografía de la que disponía en inglés y me tuve que enfrentar con la necesidad de aprender castellano. Y lo hice de mala manera: cogí el libreo que tenía que leer y fui con el diccionario apuntando todas las palabras que no sabía y así empecé.
Luego volví a Oxford para hacer el doctorado, que hice sobre los orígenes sociales de la Guerra. Pero lo que pasa es que cuando estaba en España, a finales de los sesenta, entablé amistad en Madrid con un granadino que era hijo de un conocidísimo catedrático de la Universidad de Granada. Mi amigo se llamaba Jerónimo Gonzalo, su padre era el famoso profesor Gonzalo Maisó, que no se si conocerán, pero que era un famosísimo catedrático de hebreo. A través de una estrechísima amistad con Jerónimo, me llevó a Granada. Mi primera aparición en la prensa fue con motivo de una visita que hice con él, creo que fue en el año 70 o 71. Incluso salió en las páginas sociales del Ideal. El hecho de que yo pueda hablar más o menos bien el castellano, realmente se lo debo a él. Ahora ya han pasado los años y se me ha quitado un poco el acento granadino que tenía. En fin, esto se puede decir que es el comienzo.
Enrique Moradiellos, César Vidal, Pío Moa… ¿Tanta polémica en las publicaciones españolas son las que dan mayor objetividad a un hispanista extranjero?
Se juega mucho con ese concepto de objetividad. Y realmente, claro, habría que definirla. Si por objetividad se quiere decir “tratar a ambos lados de una cuestión exactamente igual”, a mí me parece un poco absurdo. Porque, evidentemente, si uno está escribiendo sobre un crimen, no escribe de la misma forma sobre la víctima que sobre el asesino; o Sobre la violada que sobre el violador. Cualquier persona que escribe, si es más o menos humano, trae a la cuestión su propio sistema ético. Con lo cual, aunque no sean completamente evidentes, está haciendo juicios morales en todo momento.
En lo que sí creo firmemente es en la honestidad (que es para mí la verdadera objetividad), que es contar las cosas como lo ves, sin tergiversar los datos o las fuentes. Es decir, “yo digo x, y lo digo basándome en estas fuentes, o en estos documentos”. En ese sentido, hay muchos escritores extranjeros que escriben con menos pasión. Yo no he perdido parientes en la Guerra Civil, y eso quizás ayuda un poco. Pero tampoco puedo decir que estoy exento de toda pasión, porque a mí me apasiona la historia de España. Yo soy un apasionado, amante de España y de los españoles, por lo tanto, a mí todo el sufrimiento de la Guerra Civil a mí me afecta. No es lo mismo que ser español… Pero, por ejemplo, aquí muchas veces me dice mi mujer “coño, eres más español que los españoles”; cosa que no es así, porque nací en Inglaterra y soy inglés.
¿Te has encontrado más barreras al escribir de España por ser inglés, o por el enfoque, los contenidos de tus libros?
Ten en cuenta primero, que las cosas han cambiado mucho a lo largo de los años. Cuando yo empecé, a finales de los años sesenta, era muy difícil. Fueras extranjero o español, había mucha censura, había cosas en los archivos que no te dejaban ver. Por otro lado, los archivos se encontraban en muy mal estado y además, estaban siempre vigilados, y no por bibliotecarios o archiveros, sino por guardias civiles retirados. Entonces era muy difícil. Con el paso del tiempo, esa cosa ha mejorado muchísimo. No hay color.
Lo único que quizás, quizás…. Es una de cal y una de arena. Por un lado, conforme yo me he ido haciendo más conocido, he tenido bastante facilidad para tener acceso a los políticos. Me refiero, por ejemplo, cuando escribí sobre el rey, o sobre Franco, tuve bastante facilidad para acceder a políticos que habían trabajado con ellos. No sé si eso era ya por ser extranjero, o por ser conocido. Un vez ya lo comenté con un editor, yo le dije: “a mí me extraña la facilidad con que me reciben”; y me dijo: “¡coño! No te extrañes, tú eres la posteridad”. Están pensando en su futura imagen.
En el Hay Festival tendrá dos charlas, una de ellas con Almudena Grandes, una de las grandes abanderadas de la Ley de la Memoria Histórica. ¿Qué opinión te merece una ley de este tipo?
El tema es complicado. Por un lado, a mí me causa cierta incomodidad legislar acerca de la memoria. No me gusta del todo el nombre. Pero el contenido, creo que es algo absolutamente fundamental. Pensando en que los familiares de los muertos en zonas republicanas tuvieron todas las facilidades para localizar sus restos y darles una sepultura digna, creo que los familiares de las víctimas del franquismo, que eras muchísimos más (tres o cuatro veces más) tienen el mismo derecho. Además, no estoy de acuerdo con aquellos que dicen que todo esto es remover las cenizas. Un pueblo tiene que conocer su propia historia: la buena y la mala. Soy totalmente partidario y solidario con esta ley. Quizás queda un poco corta, pero algo había que hacer.
¿Dirías que hasta ahora la historia la ha escrito el bando vencedor?
Eso también es un poco complicado. Evidentemente, hasta la muerte de Franco, incluso hasta las primeras elecciones, mayormente, la historia la escribió el bando vencedor. Durante muchísimos años, lo que se podía publicar en prensa, en libros, en película documental, estaba en manos del régimen. Hay mucha historia de los años cuarenta y cincuenta que estaba escrita por policías. Las famosas figuras como Eduardo Comín Colomer o Mauricio Carlavilla; que después fueron funcionarios. Ricardo de la Cierva era funcionario del régimen. Además un funcionario con dedicación a escribir y a maquillar la historia del régimen y una historia de España para justificar el régimen. Lo que pasa es que después, a partir del 77, ha habido una avalancha de cosas escritas por gente de la izquierda. Si antes había un cuasi totalitarismo, después hubo un pluralismo. Es decir, a partir del 77 sí que escribía gente de izquierda y de centro, pero también seguía escribiendo gente de derechas. Lo que pasa es que ahora se quejan y dicen que hay monopolio de historia pro-republicana, que no es el caso, pero lo dicen porque les han quitado su monopolio. Y eso es lo que les molesta, pero realmente es indignante. Precisamente por ser una democracia pluralista, se deja, y con razón, libertad a estos franquistas como Pío Moa o César Vidal, que pueden decir lo que quieran; pero incluso lo que es más, que puedan mentir. Y lo hacen con mucho gusto.
La otra charla que darás en Granada es sobre corresponsales de guerra, ¿crees que estas figuras fueron importantes para que en el momento del conflicto bélico hubiera ese pluralismo?
Lo curioso de los corresponsales en la Guerra Civil, que a lo largo de la Guerra fueron más de mil, es que la gran mayoría de ellos vinieron a España sin partidismo. Es decir, llegaron simplemente para hacer sus crónicas. Pero un número sustancial de ellos, posiblemente la mayoría, terminaron siendo partidarios de la República. Claro, los que estaban en zona Nacional (zona Rebelde) había muchos que solo podían funcionar con el beneplácito de la censura militar. Allí había alemanes que eran nazis, italianos fascistas, portugueses salazaristas, incluso muchos de los británicos o estadounidenses que eran corresponsales de diarios de derechas; todos esos eran partidarios de los golpistas. Pero, había otros, dentro de esa zona (y eso se ve, no tanto en sus crónicas del momento, porque había una censura férrea; sino en sus memorias posteriores) que se convirtieron en partidarios de la República en reacción a las atrocidades que vieron. En cambio, en zona republicana, se convirtieron la inmensa mayoría en republicanos, por dos razones.
Primero, por ver la injusticia o la desigualdad en la que tenía que luchar la República y ver el estoicismo y la capacidad de sufrir, resistir y luchar del pueblo republicano, eso les inspiraba mucho. Por otra parte, eran muy conscientes de que lo que estaba pasando en España tenía unas implicaciones mayores, europeas y mundiales. Y lo que querían hacer era despertar a sus respectivos gobiernos, a tener en cuenta que la amenaza del fascismo, de ganar en España, pronto iba a bombardear París y Londres., etc. Por esa razón fueron partidarios de la República. Pero, yo creo que la relativa libertad con la que podían escribir, era, en cierta medida, ejemplo de que la República no dejó de ser en ningún momento una democracia. Había cierto pluralismo dentro del hecho de estar en Guerra, porque en ninguna sociedad en guerra hay libertad total de prensa, por razones obvias (no se puede contar todo al enemigo).
Aquellos hombres y mujeres, en aquel entonces, tenían quizás más importancia que sus colegas de ahora. Porque ahora hay tal fragmentación de medios: hay televisión, prensa, radio, medios digitales, periódicos gratuitos… Hay tantos, que es muy difícil que un periodista tenga la influencia que tuvieron algunos de ellos durante la Guerra.
Al escribir historia, la documentación es imprescindible. ¿Lo es también el hacerlo de una forma amena como la que caracteriza su prosa?
Para mí es totalmente fundamental. Nadie tiene la obligación de leer un libro de Historia, quizás algún estudiante que tiene un profesor cruel que le obliga a leer sus libros.
En mi caso, yo digo una cosa, para que yo pueda escribir algo, primero lo tengo que entender y eso me impone una necesidad de aclarar las cosas, de simplificar las cosas, de poder contarlas de forma que lo pueda entender yo; luego, que lo pueda explicar a mis estudiantes. Y si haciendo eso, y luego poniéndolo en un libro, resulta una cosa amena (espero que sí), creo que es una cosa fundamental.
Yo, personalmente, que soy profesional, hay muchísimos libros sobre Historia de España que me cuesta un montón leer. Esto se podía resumir y es lo mismo para un periodista: “Para hacer un artículo, corto o largo, o un libro, alguien tiene que tomarse una molestia; y si no se la toma el escritor, se la tiene que tomar el lector”. Alguien tiene que aclarar y hacer comprensible la materia; y si no lo hace el escritor, lo tiene que hacer el pobre lector, que si tiene que comprar el libro pagando el dinero de su bolsillo, al tercer o cuarto libro que es un tostón, no lo vuelve a hacer. Yo creo que en cierta medida eso explica el éxito de un Pío Moa, porque Pío Moa sí que escribe de una forma muy amena.
Hay otro tema, si salpicas lo que escribes de insultos a los demás, puede hacer la cosa más divertida. El problema es cómo equilibrar lo que decíamos antes, la honestidad, una relación estrecha con la documentación, con la amenidad. Ese es el gran desafío.
¿Crees que es necesaria la historia para comprender el presente y tomar las decisiones de cara al futuro?
Un conocimiento de la Historia es un buen fundamento, de capacidad de pensar, de capacidad de análisis, que es súper útil. Lo que hay que hacer es evitar paralelismos y pensar que hay fórmulas mecánicas. Por ejemplo, te digo un ejemplo muy vivo: en los meses anteriores a las recientes elecciones, había mucha gente en la derecha que decía que había amenaza de otra Guerra Civil. Bueno, eso era hacer uso de la Historia con fines políticos. O era una cosa totalmente irresponsable y cínica, o fruto de una ignorancia total, porque se puede hacer comparaciones entre la democracia actual y la de los años 30, pero para sacar conclusiones diferentes. La democracia en los años 30 supuso una amenaza a los poderes fácticos. Hoy en día, la democracia supone un aumento de prosperidad para los poderes fácticos. Fíjate en los avances económicos que ha habido en España gracias a la democracia y a que esté dentro de la UE. No se puede hacer la misma comparación. Y luego, el contexto. Hay mucha diferencia entre conflictos de izquierda y derecha en un contexto de Hitler y Mussolini, a un contexto de Unión Europea.
Lo que quiero decir es que es súper útil, es necesario tener un sentido y un conocimiento de la historia del país; pero también es algo que hay que usar con cierta ética y responsabilidad.
¿Crees que podremos dejar de hablar alguna vez de las dos “Españas”, o es una lucha que se seguirá transmitiendo mientras se mantengan las estructuras sociales?
Yo creo que el concepto hoy en día es totalmente desfasado. Lo que pasa es que se sigue hablando de eso. Precisamente, lo es porque no se han aireado las heridas de la Guerra Civil. El utilizar esos términos, se remonta una y otra vez a la Guerra Civil, porque, evidentemente, lo que quieren los contrarios a la Ley de Memoria Histórica es tapar todo. Pero se sabe que si se tapa una herida, lo único que pasa es que se envenena. Yo soy partidario de airear esas cosas, y cuanto más, esa idea de las dos Españas es un concepto que tiene sus días contados. No sé si será cuestión de días, pero de aquí a diez años, no sería factible seguir hablando en esos términos. Los términos que hemos escuchado durante la última campaña electoral, o lo que se escucha en las emisiones de la COPE, por ejemplo
¿Sigues las radios españolas?
No, solo las sufro cuando estoy en España, cuando estoy en algún hotel.
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