Juan Goytisolo es, quizás, como intelectual mediterráneo, el ponente más acertado en este encuentro internacional de literatos y artistas. La ciudad de Granada está trabajando de un tiempo para acá en una línea muy positiva para convertirse en un icono de Encrucijada de Culturas. Una de las Fundaciones que persiguen ese objetivo es El Legado Andalusí. En el Hay Festival, Goytisolo conversará con su director, Jerónimo Páez.
¿Conoce la labor de la Fundación El Legado Andalusí? ¿Qué opinión tiene al respecto?
Obviamente, conozco la extraordinaria labor de Jerónimo Páez al frente de la Fundación El Legado Andalusí. Creo que ha hecho una labor que corresponde a un verdadero Ministerio de Cultura. Gracias al Legado Andalusí y a la Fundación Tres Culturas, España tiene un peso cultural en el área del Mediterráneo.
Hay que tener en cuenta, que antes de estas dos Fundaciones, el descuido era total.
¿Hay Esperanza para conseguir que España sea el punto de unión entre las culturas de Europa y las de América Latina y el Norte de África?
Lógicamente, España, por razones geográficas e históricas, es el punto de unión entre Europa, el Norte de África y América Latina. La actual política me parece que va en esta dirección. Pero hay que reforzar más la presencia española en los dos continentes (tanto el africano como el americano). Y también es necesaria una mayor implicación cultural y en la defensa de los valores democráticos.
Un problema con el que nos enfrentamos es el de la pérdida de la identidad emigrante. ¿Cree que desde la cultura, desde la intelectualidad, se pueden conseguir cambios profundos al respecto?
Abordamos un tema muy complejo. Yo soy partidario de que los inmigrantes se adapten a la cultura del país de acogida, sin perder la propia cultura, esto es lo ideal.
Pero aquí nos enfrentamos a problemas de orden político. Hay quiénes proponen la asimilación, (que a mí me parece difícil); y otros el multiculturalismo. Yo estoy por una solución mucho más pragmática, una integración paulatina, pero sin que se lleve a cabo lo que esta sucediendo actualmente en Francia, que se habla de inmigrantes de la primera generación, de la segunda generación, de la tercera generación… Eso me parece que es volver al problema de las castas que existían en España desde el siglo XVI hasta que fue abolido por José Bonaparte.
Es convertir el origen del inmigrante, en una fuente de sospecha y de no ser… francés como los demás.
Dice siempre sentirse en el exilio, apátrida; pero nunca deja de considerar España como algo suyo. También ha comentado que se ha sentido rechazado en ciertas ocasiones por su unión con el Mundo árabe. ¿Ha llegado España a causarle rechazo en algún momento?
He vivido fuera de España, primero como exiliado político y cultural y luego como alguien reside libremente en París, en Estados Unidos o en Marruecos, pero sin perder nunca de vista el interés por la cultura española.
Es más, al no tener contacto directo con la sociedad española, he reforzado el contacto con la cultura española. Creo que no hay ningún escritor español contemporáneo que tenga una relación más completa con el corpus de la cultura española, desde El cantar del Mío Cid, hasta la Época.
Mi interés por la cultura árabe y también por la cultura judía ha provocado un cierto rechazo en España. El profesor Márquez Villanueva decía que había tres campos tabú en la cultura española. Uno de ellos el carácter mudéjar de la cultura castellana en sus tres primeros siglos. Y el segundo, decía, era el problema precisamente de las castas. El hecho de que la mayor parte de escritores españoles que yo aprecio, desde siglo XV hasta la primera mitad del siglo XVII, era de origen converso, muestra que la mirada de la periferia a quienes empuja a los márgenes sobre la mirada al centro y mucho más interesante de la de quien se sitúa en el ombligo del centro. Prácticamente, casi todos los escritores que admiro de esta época, eran descendientes de conversos.
Esta necesidad de ampliar el canon español, choca obviamente con unos criterios muy estrictos de la tradición nacional católica y puede explicar el rechazo que suscita.
Uno de los batacazos más sonados de la Junta de Andalucía en materia cultural ha sido la no-consideración del flamenco como Patrimonio Oral de la Humanidad. ¿Cómo fueron las negociaciones con la UNESCO para la consideración de de la Plaza de Marrakech como tal?
Yo no negocié con la UNESCO. Yo fui, simplemente, el que lanzó la idea de Patrimonio Oral de la Humanidad en un artículo en El País y luego el Le Monde Diplomatique, que determinó una movilización de la UNESCO en torno a este concepto, y a raíz de ello fui durante cuatro años fui presidente del Comité encargado de elegir el Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
Creo que el rechazo del Flamenco se debe a una generalización. Es muy difícil, como pedían los argentinos, el tango como Patrimonio Oral de la Humanidad; o, como pedían, a cultura guaraní como Patrimonio Oral de la Humanidad. Porque existirían infinidad de culturas, etc.
Hay tanta variedad dentro del Flamenco, como en el tango, que hubiera sido más adecuado al canon de la UNESCO, escoger un determinado tipo de flamenco. Los cantos de las minas de la Unión y las tarantas y cartageneras, no son las sevillanas. En fin, habría que haberse escogido una manifestación más concreta, porque el bruto resultaba más difícil.
¿Qué tiene Marrakech que tanto atrae a artistas e intelectuales?
En realidad a lo que atrae es a turistas poco interesados por la cultura, esto por lo menos en la actualidad. Cuando yo llegué en el 76, el turismo era escaso, había un pequeño aeropuerto.
Pero, por ejemplo, pase dos temporadas largas aquí sin cruzarme con un solo español, ya no digo con un artista o un escritor. Recuerdo que una vez iba con un automóvil matrícula de Barcelona, y al cruzarme con otro matriculado en España, el chófer, o el dueño del automóvil, tocó el claxon así como… como si se encontraran en Finlandia dos oriundos de Tasmania, como algo extrañísimo.
Todo ha cambiado en los últimos diez años y, para bien o para mal, la ciudad se ha transformado completamente. Y tiende a convertirse en una ciudad turística, sobre todo para gente de renta alta.
No obstante, he huido siempre de los medios literarios y artísticos, por una razón muy simple: no hay pintor que no me pida algo como para su próxima exposición. Entonces termino huyendo. Huyo. Aquí llevo una vida con mi tribu y con la gente popular de la plaza de Marrakech. No tengo casi ningún contacto con el mundo cultural y literario, y, sobre todo, con el mundo oficial.
Tuve la ocasión de ir al estreno de “El viaje a Simorgh”. Paul Preston nos decía esta semana que, “Para hacer un artículo, corto o largo, o un libro, alguien tiene que tomarse una molestia; y si no se la toma el escritor, se la tiene que tomar el lector”. ¿Cree que es necesario que se tome el lector/espectador las molestias? ¿Es necesario elevar la cultura a unos mínimos?
El viaje Simorgh está basado en una novela mía, “Las virtudes del pájaro solitario”, que no es un obra fácil. Yo siempre cito la frase de Jean Genet, que decía “la dificultad es la cortesía del autor con el lector”. Cuando leo una obra fácil, y adivino lo que voy a leer desde la primera página, no me interesa. Esta dificultad, es la obligación de volver sobre el texto es el placer de la escritura. Este es, digamos, el mayor objetivo de escritores como yo, que buscan el mayor número no de lectores, sino de relectores.
De todos los géneros que ha cultivado, ¿Con cuál se ha sentido más cómodo?
Yo soy ante todo novelista, pero con una extensa obra crítica. Para mí, como muchos autores (sobre todo poetas), la obra crítica es un acompañamiento de la obra creativa. Se puede leer la obra ensayística como complemento de la creativa.
¿Hay algo que no le haya preguntado de lo que le hubiese gustado hablarme?
Mire, no me gusta en absoluto pasar el tiempo respondiendo entrevistas. Lo que quiero decir, lo hago por escrito, y a partir de ello, el lector puede juzgar los méritos o desméritos de mi trabajo. Esta es la realidad.
Es por esta última pregunta más importante, si cabe, remitir al lector de esta entrevista a la prolífica obra del autor, que, en pocas palabras más, le enriquecerá exponencialmente.
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