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Del 30 de mayo al 8 de junio de 2008
   
     
 
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África en la Mirada:
Entrevista a Mariano Maresca (comisario de la exposición)


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Más allá de su racional pesimismo antropológico y de la falta de creencia en el futuro del humanismo, Mariano Maresca demuestra ser un hombre guiado por los designios de su corazón y de su palabra. En treinta y siete años de docencia  de Filosofía del Derecho, sus inquietudes no le han dejado parar de transgredir el límite de lo académico, de la creación y la cultura más allá de la Universidad. En la actualidad comisaría la exposición “África en la Mirada”, una muestra de fotos del Nóbel Ryszard Kapuscinski, en la que se desgrana la evolución de su encuentro con el continente verde tras más medio siglo de trabajo de campo.

¿Cómo surge “África en la Mirada”?
Kapuscinski surge de una casualidad. Hace seis meses, cuando Sánchez-Montes me estaba hablando de cómo se estaba perfilando esta segunda edición del Festival de Cines del Sur, me habló de África y le pregunté “¿Has leído Ébano?”. Le regalé el libro, y al cabo del tiempo, José se entusiasmó tanto con él -cosa lógica- que al recordar que yo tenía en casa un número especial de una revista de viajes que había comprado en el año 2000, en la que se había publicado  una selección muy amplia de fotos de Kapuscinski, la busqué para regalársela: “Si te ha gustado tanto, toma esto”.  Él no me dijo nada. Hasta que hace poco más de un mes, me llamó para comentarme: “tengo la exposición de las fotografías, tengo dos películas, ¿quieres hacerte cargo?”

¿El origen de la Exposición se encuentra en esa revista?

En esa revista venían muchísimas más fotografías, pero el origen no viene de ahí. El origen ya próximo, de la exposición, está en una iniciativa de la Asociación de Periodistas Europeos, que preside Miguel Ángel Aguilar. La APE organizó, con el patrocinio de Caja Duero, una exposición que es una selección del material de Kapuscinski – que es inabarcable, imagínate, cincuenta años haciendo fotos…- . Esa exposición, estuvo girando por España y Sánchez-Montes la cazó en Salamanca, y dijo “para acá me la traigo”, y ahí está.

¿Consigue reflejar esta selección su mirada sobre África?

Es una selección que tiene, por lo menos, la virtud de reflejar bien, dos cosas que para mí son fundamentales para entender a Kapuscinski. La primera, la ausencia completa de truculencia, la ausencia completa de discursos apocalípticos, que procede de su obstinación por el mirar, ver y oír a la gente. “Yo no puedo entender un país si no he hablado con su gente”. Creo que es algo muy evidente en la exposición y creo que es el primer mérito de la selección.
El segundo mérito, es que describe bien (con unas pistas que son suficientes), el proceso de África en los cincuenta años en los que Kapuscinski está sobre el terreno. De un momento político enormemente entusiasmante  que es el de las guerras de descolonización e independencia; a un mundo en el que lo que está sobre la mesa es el hambre. De un país, de un continente, que se tiene que liberar de la metrópoli correspondiente, a un país que ya no le interesa a ninguna potencia del Mundo, y que está abandonado a su suerte. Un país en el que nadie piensa – vivimos como si África no existiera- . Más del 50% de las fotografías que hay en la exposición, muestran esa segunda África.

Kapuscinski hizo miles de fotografías en África. Sin embargo, en algún lugar cuenta que hizo  un porcentaje muy bajo de las fotografías que podía haber hecho, porque cuando llegaba a una ciudad, a una aldea, tardaba mucho en sacar la cámara. Era parte de su obsesión de conocer al otro, el encuentro con el otro: “él no quería que en ese momento del encuentro con el otro- que es la idea fundamental de su vida y de su obra- , que en ese momento, un cámara fuese un obstáculo”, afirma Mariano.  Además, también hubo casos en los que según cuenta, eran personas que, como relata García Márquez en Cien años de Soledad, pensaban que al tomarles la fotografía, les robaban el alma.

Por otro lado hay que tener también en cuenta, que no es eso lo que más le importaba. Como dice Maresca, “lo que a mí me parece fantástico de esta selección de fotografías es que, aunque foto periodísticamente sea una gran muestra, sí es un testimonio muy claro de la mirada de Kapuscinski, de cómo Kapuscinski veía la realidad; eso es lo que hace muy válida la selección”.

¿Se leerá más a Kapuscinski después de este encuentro con su mirada?
Ayer, compré para regalar, por enésima vez, “Ébano” – el gran libro de Kapuscinski sobre África. Está editado en Anagrama. Me parece que es la décima edición y está muy bien traducido. Creo que quedan tres o cuatro libros suyos nada más por traducir. El diario de Varsovia- yo no puedo leer polaco, desgraciadamente-. Pero es un libro que me gustaría mucho poder leer.

La editorial Anagrama llega ya a la decena de libros de este hombre. Los fundamentales están traducidos y los reedita Anagrama constantemente: La trilogía sobre el Poder Absoluto: sobre el Sha de Persia, el Emperador de Etiopía y sobre el Imperio Soviético (la trilogía sobre la desmesura del poder). El gran libro sobre África, que es Ébano, que debe complementarse con un libro de apariencia menor, pero que yo considero decisivo, se llama otro día con vida, que es un libro sobre Ángola.

Luego hay otros dos libros, muy pertinentes para conocer ese punto de vista tan especial sobre Kapuscinski, El encuentro con el otro, y Los cínicos no sirven para este oficio.

Dos títulos que estuvieron presentes en las charlas de presentación de los filmes que cerraban este monográfico. ¿Cómo llegas al contacto con estos periodistas de primera línea internacional?

Yo hubiera querido más, pero no se puede cansar al público.
Los dos periodistas con lo que hemos contado, son dos profesionales que tenían muchísimo que contar. Taysir Alony vive en Alfácar desde hace mucho tiempo. A Ramón Lobo, le he seguido como lector desde hace tiempo; había leído un libro que se llama “Isla África”, en el que cuenta sus vivencias en la Guerra Civil de Sierra Leona (un libro desgarrador, extraordinario). A él he llegado a través de uno de los programadores del Festival, Mirito Torreiro, que ha sido  durante muchos años crítico de cine de El País, medio para el que también trabaja Lobo.
Con ambos, antes de esta conversación pública, hemos tenido una previa con un objetivo: saber hasta dónde querían que yo llegara preguntando. En el caso de Alony, la cuestión era especialmente delicada. No fue un truco mío, ni muchísimo menos, cuando a las ocho menos cinco le dije “Taysir, que te tienes que ir”; eso lo ves en televisión, y piensas que es de guión. En este caso, no es de guión, es completamente real, tenía que estar en su casa a las ocho.

¿Qué balance haces de la experiencia?
Primero, lo enmarcaría en el conjunto del Festival. Me parece motivo de una enrome alegría, que solamente en su segunda convocatoria, haya encontrado el eco que está encontrando entre la gente. Tú puedes tener mucho presupuesto y quedarte con la sala vacía, de hecho aquí en Granada se producen muchos eventos culturales de muchísimo postín, en los que hay muchísimo dinero público invertido y los que acuden los profesionales del canapé.

En segundo lugar, respecto a lo que se refiere específicamente este encuentro con Kapuscinski, diría que tengo más bien pocas esperanzas en el mejoramiento de la situación histórica e incluso en el de la especie humana; creo poco en la eficacia de iniciativas como ésta y por tanto, me doy por satisfecho con que alguna persona se compre un libro de Kapuscinski y lo lea. Lo que he comprobado, en los últimos tres días, es que esto está ocurriendo.

 
   
   
     
 
 
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